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El rincón de los susurros

óleo sobre tela
3 x (195 x 130 cm)

 

Esta obra surgió inesperadamente durante el desarrollo y ejecución de toda la serie planteada para la nueva exposición y, sin pretenderlo ni saber cómo, ha resultado ser una de las más importantes a la hora de darle forma y sentido a su totalidad y conjunto...

El rincón de los susurros no es otra cosa que ese espacio interior en nuestra mente donde se produce un constante bombardeo y colisión de ideas, pensamientos, juicios, prejuicios, conversaciones mantenidas con anterioridad o proyectadas en un futuro inexistente... restos residuales y “ruido mental”, canciones o melodías que tarareamos sin darnos cuenta y que probablemente no recordemos dónde o cuándo hemos escuchado...

 

Noticias, cotilleos, críticas, autocríticas, miedos, esperanzas, expectativas, recuerdos, impulsos y deseos contenidos y reprimidos que chocan con nuestros “ideales”, valores “éticos” y “morales”... una amalgama de contradicciones, de autoengaños que se convierten en mentiras, proyecciones de lo que queremos y de quién queremos ser, o cómo queremos que los demás nos vean y perciban, nos definan, etiqueten, nos acepten... de cómo nuestra mente y nuestro Ego trabajan incesantemente para clasificar y etiquetar las “cosas”, las ideas, las personas en “buenas” o “malas”, aceptables o inaceptables, amigos o enemigos... sueños o pesadillas, éxtasis o desesperación...

Todo esto (y mucho más) se produce cuando tenemos que enfrentarnos al silencio... cuando no estamos “entretenidos”, viendo, leyendo o escuchando algo;  hablando, saliendo, planeando, fantaseando o siendo bombardeados por publicidad, ideales políticos, consumismo, radicalismos de cualquier tipo y forma...

Cuando todo eso cesa y, por un instante, te encuentras solo contigo mismo, con tu “silencio”... ¿Qué ves?, ¿Qué oyes?, ¿Quién crees que eres?... ¿Qué susurras?, ¿Quién te susurra?... 

¿Cuántas conversaciones, “buenos” y “malos” recuerdos aparecen en tu subconsciente?, ¿Cuántos traumas o grandes victorias, sentimientos de culpa o satisfacción acumulas en él?... ¿Quién te juzga?, ¿A quién juzgas?...¿Tú te juzgas?...

Todo esto ocurre en nuestra mente a una velocidad vertiginosa, casi enfermiza y de manera constante... pero, si por un momento fueras capaz de acallar todo ese “ruido mental” propio, todo ese juicio, prejuicio, clasificación y contradicción constante... ¿Qué quedaría?....

Una vez que consiguieras desprenderte de toda esa Dualidad y profundizar una capa “más allá” en tu conciencia...¿?

Esta obra tiene dos componentes aparentemente opuestos y, a la vez, complementarios... los dos sillones de los laterales, uno más colorido y otro más “oscuro”, vienen a reflejar las dos caras de la misma moneda... tienen la misma composición y componentes, invertidos a modo de “espejo”.

 

Las bocas que aparecen, desprovistas de más expresiones faciales como la mirada o el ceño, hacen que resulte difícil diferenciar entre una carcajada o un grito de desesperación, una sonrisa benevolente o malintencionada... influidos por el colorido o la atmósfera que los rodea podemos observarlas de forma gratificante, viendo “belleza” o causarnos estupor, repulsión, miedo, asco... ver violencia o diversión, éxtasis o angustia...

¿Qué ves tú?, ¿Hacia dónde apunta tu “ideal” de “belleza”, “justicia”, “ética” o “moral”?...

El tercer componente de la obra es el sillón central, carente de ese “ruido” mental, susurros, auto juicios, prejuicios, ideales... se vuelve casi inmaterial, es el lugar donde todo lo anterior se desvanece y puedes “escuchar” y “ver” el auténtico silencio, tu auténtico silencio... la nada... donde el espacio y el tiempo “mental” pierden su significado y se abre una nueva “realidad”, donde se puede alcanzar un nuevo grado de conciencia sólo accesible dejando atrás los condicionantes que tu mente y tu Ego han construido para poder experimentar la “Dualidad Egocentrista”...